FRACTURA DE PERONE

La fractura del peroné es una lesión muy común dentro del mundo deportivo y en especial los deportes de contacto, pero no exclusiva de ellos, ya que también tienen lugar en accidentes de la vida diaria, por lo que hoy hablaré de ella para que descubráis algo más sobre ella.

Siempre que hay una lesión de tobillo deberían hacer radiografías para descartar esta posible lesión, ya que los signos iniciales nos pueden dar lugar a confusión. Aunque el traumatismo que se sufra no sea exagerado, puede aparecer una fractura, o en accidentes que parecen muy agresivos, acabar simplemente con un esguince. De modo que ante la duda, mejor asegurarse y hacer pruebas radiológicas.

Dentro de las fracturas de peroné encontramos distintos tipos, según el nivel al que se fractura y los ligamentos que se lesionan como consecuencia de la subluxación. Las más comunes suelen ser en el tercio medio o distal del peroné, en especial las del maléolo (la zona ósea que sobresale en la parte externa del tobillo).

Los síntomas que aparecen tras la lesión son:

  • Dolor espontáneo muy intenso, que aumenta con el movimiento o hacer mención de caminar, y a la presión en la zona de lesión.
  • Inflamación en el momento, que va aumentando progresivamente.
  • Equimosis (o hematoma) en la zona, que aparece al rato.

Ya veis que son muy similares a los de un esguince, de ahí la dificultad de diagnóstico en un primer momento. Si la fractura fuese con desplazamiento podría notarse incluso un pequeño escalón.

El tratamiento será ortopédico o quirúrgico dependiendo de la dimensión de la lesión, y sobre todo de si ha habido desplazamiento. Siempre que la recuperación sea posible con el tratamiento ortopédico (yeso) es la mejor opción antes de llegar a quirófano.

Si la fractura es sin desplazamiento, se pondrá escayola durante algunas semanas (dependerá de cada caso, pero oscila entre 6-8 semanas), y después se procederá a la rehabilitación. Mientras tanto, habrá que hacer ejercicios para no perder demasiada masa muscular y facilitar la posterior recuperación, como contracciones isométricas de los músculos de la pierna.

En caso de que haya desplazamiento, si es posible se reducirá ortopédicamente, es decir, se intentará colocar manualmente el hueso en su sitio haciendo unas determinadas tracciones y presiones sobre los huesos de la pierna. Tras ello, se realizarán nuevas radiografías para comprobar que el hueso ha quedado en su sitio. Si así fuera, se procedería a poner escayola y seguir como en el caso anterior. Si por el contrario el resultado no fuera satisfactorio, habría que valorar si es necesaria la cirugía.

Hay casos en los que las fracturas son irreductibles y no hay más remedio que operar. En muchas ocasiones es necesario poner clavos o placas para mantener el hueso bien unido. Una vez que se ha formado el callo óseo, se valorará si es preferible quitar los clavos/placas, o dejarlos.

La fisioterapia será necesaria una vez se haya consolidado el hueso para recuperar los tejidos blandos que se han visto afectados por causa de la lesión y empezar un entrenamiento controlado para volver a conseguir la masa muscular de manera segura, y acelerar así el proceso de curación. En la rehabilitación se tratarán los ligamentos, la rigidez articular por la inmovilización, control del edema y el dolor, recuperación de la estabilidad articular, etc.

Eva Tello Cadarso

Fisioterapeuta col.834